¡¡¡volvemos!!!

25 agosto, 2015

 

20150322_091157bynAgosto se destierra sin ganas de marchitarse, se resiste… ¡Y cómo se resiste! Después de dos semanas, los Cuadernos de Napoleón retoman los relatos del acontecer español y universal, con su misma vocación de siempre y con una fuerza inusitada, pues para los que tenemos el privilegio de vivir en el Mediterráneo, el verano no acaba nunca.

La vuelta al “cole” del año 15 de este siglo nuestro, va a ser un poco complicada. Con un golpe de estado a punto de ser perpetrado por el presidente de la Generalidad Catalana -el representante de España en esa comunidad- con unos ayuntamientos gobernados por iluminados que sólo saben de propaganda trasnochada, con unas elecciones generales inciertas y paradójicamente las más importantes desde 1977, una Europa convulsa y un terrorismo islámico poderoso en el mundo, uno prefiere un exilio en Santa Elena o Elba, aunque de manera voluntaria. Pero eso sería lo fácil. Nos va a tocar bailar con la más fea, así de triste, pero tan cierto como que mi tía Carlota Joaquina sigue sin irse de Jávea y su Costa Blanca a la Villa y Corte y sigue agobiándonos cuál mosquito tigre o mosca leonera, por no decir otra cosa. Pero me va a dar mucha pereza políticamente volver del verano a la rutina diaria, ya que de economía no vamos a estar peor de lo que estamos, el hartazgo del patio político me producen arcadas incontroladas de hastío y exabruptos impropios de un buen católico y mejor español, pero uno sigue siendo sobrino nieto de quién es, el taco castizo, nos hace elegantes ¿no creen?

Lo dicho, sin dejarme vencer por la desgana, los Cuadernos de Napoleón deben estar preparados para denunciar, publicar, opinar, manifestar y arengar si fuera necesario, para cambiar esta España nuestra que se nos va de una manera tan poco heroica como la de tiempos pretéritos, y por el pecado de omisión se nos va a ir todo al garete.

Desde mi campamento de verano en Jávea a mi cuartel de invierno en Valencia, velaré para que la pluma siga narrando en papeles ajados y amarillentos -de los que me apasionan cuando estornudo por sus ácaros- los difíciles momentos de nuestra historia. Que así sea.

 

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