SER REINA

5 abril, 2018

30221518_10155981566517928_349537095817101312_oHubo una frase como frontispicio en la primera biografía de la Reina Sofía escrita por Pilar Urbano, que me hizo reflexionar mucho, muchísimo sobre la importancia de las personas que encarnan la Corona y el papel importantísimo que desempeñan en cada momento, protegiendo así la institución, y por ende la nación. Dicha máxima era la siguiente: “El rey no gobierna, pero reina. La reina no gobierna y no reina; pero… es la mano que cuida del trono”. Esa era Doña Sofía durante todo el difícil reinado de Juan Carlos I. Después de casi medio siglo sin monarquía, llegaban los nuevos reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía con un nuevo tiempo político, cargado de retos para construir el país. Por ello, el otro día cuando visualicé las imágenes de la Familia Real saliendo de la Catedral de Palma después de la Misa de Pascua de Resurrección, me entristeció la escena grotesca. Un acontecimiento vergonzoso que jamás hubiera ocurrido años atrás. Búsquenlas, no las encontrarán. Unas imágenes que faltaban al respeto a quien ha sabido desde la cuna, servir a su patria y luego a la de su marido, convirtiéndose en la española más grande de los últimos tiempos. Cierto es que al final ha resultado que, no es lo mismo nacer en el Palacio Real de Tatoi que en un barrio de Oviedo. Claro ha quedado. La opinión pública se ha volcado con la Reina Sofía. La Casa Real, cuya comunicación deja mucho que desear y más ahora en la era de las redes sociales, se empeña en ocultar desde sus cuentas en Twitter y Youtube, todos los actos religiosos a los que acude el Rey: Cristo de Medinaceli, Misa de Pascua de Resurrección, Misa Funeral en el XXV aniversario de la muerte de Don Juan… Veremos qué estrategia tiene ahora para dulcificar el asunto feo y cutre del placaje a Doña Sofía, dejarlo pasar no es el mejor modo. Los hechos fueron graves y necesitamos una explicación real.

Recuerden que para salvar a la Monarquía, se obligó a un rey a pedir perdón públicamente por una “elefantada” como antesala a una abdicación por sorpresa y una expulsión de la Familia Real de las dos Infantas de España. Por ello, no nos escandalizaríamos en un futuro si para la continuación de la Corona, hubiera una separación o un divorcio. Lo que no vamos a permitir más como pueblo español, son desplantes descarados de una mujer que sigue sin asumir quién es y para qué está. Hemos tolerado con tristeza que se retirara la bandera nacional del palacio de la Zarzuela porque molestaba a la Reina Letizia, hemos asistido atónitos a su incomodidad manifiesta en ceremonias religiosas, sin santiguarse después de que se le ofrezca el Hisopo, sin besar el Lignum Crucis, ni hacer la reverencia al llegar al Altar. Pasamos por alto que no hubiera crucifijo en la Proclamación de Felipe VI ni Misa del Espíritu Santo. Pero ahora pedimos que para enderezar la situación, S.M. La Reina Letizia debe comprender que S.A.R. La Princesa de Asturias tendrá que jurar bandera en el Regimiento Inmemorial del Rey Nº1 como hizo su padre a su edad, y que presida los premios que llevan su título y que dejen de ocultarnos la vida privada de ellos y sus hijas. Los Reyes y su familia, no tienen vida privada, ella debió intuirlo cuando inició el noviazgo con el entonces Príncipe de Asturias, ser reina no iba a ser fácil, pero complicarlo más de lo que es, no está siendo bonito ni inteligente.

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