REMEDIO BRITÁNICO

10 mayo, 2015

remedio-britanicoLos grandes perdedores de los últimos comicios celebrados en el Reino Unido, han dimitido ya de sus cargos políticos al frente de las formaciones que concurrían a las elecciones. ¡Ay España! ¡Tan cerca y tan lejos de la Gran Bretaña! El español no es muy aficionado a dimitir…

 

Los  líderes británicos vencidos no han sido los únicos derrotados. Las encuestas, la estadística, las consultas a pie de urna –mentiras arriesgadas- han fracasado una vez más, y contra una nueva Armada Invencible de datos, Cameron ha conseguido un triunfo inesperado a pocas horas de celebrar su patria, el día de la Victoria en la II Guerra Mundial, a esto le llamo yo: el buen humor de Dios.

 

¿Qué nos debe importar a nosotros, la política inglesa? En principio, nada. David Cameron como Primer Ministro, pasará a la historia por plantear problemas inexistentes y engordar al dragón independentista escocés de una manera mezquina. Pero el pueblo británico en su mayoría, resuelto sobre la independencia escocesa legalmente de momento, ha querido mirar hacia delante, olvidar la política torpe de su gobernante y apostar por una propuesta euroescéptica moderada en pro del pueblo inglés. Y aquí sí que ya entramos nosotros. Inglaterra es el freno del eje franco-alemán, el muro contra el despropósito burocrático de Bruselas, el Reino Unido es el estandarte del pragmatismo europeo sin titubeos, y ello a nuestra nación, le puede venir muy bien después de las políticas vituperables de la Unión Europea.

 

Cameron ha prometido otro referéndum, esta vez sobre Europa y la permanencia del Reino Unido en ella, algo que de momento se plantea como un órdago al stablishment europeo, pero que puede resultar otro dragón incontrolable sin un enfoque oportuno. Confiemos en que las actitudes de cambio y autocrítica en toda Europa, tan necesarias para la misma supervivencia de la unión y de los países que la forman, sean puntos para una catarsis cercana y el renacimiento cultural, político y social que demanda la verdadera Europa, quizá el remedio empiece a orillas del Támesis, en el Palacio de Westminster…

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