prusia

20 septiembre, 2017

federico_iiEste post queridos seguidores y amigos de Los Cuadernos de Napoleón versará sobre una de mis naciones favoritas desaparecidas. El mítico país de Prusia nació como una región ocupada por nobles germanos durante el siglo XIII, que bajo la Orden Teutónica, cristianizaron toda esta área báltica. Tres siglos más tarde, se transformó en un ducado importantísimo. El Ducado de Prusia se unió al Margraviato de Brandeburgo, cristalizando así el nacimiento del Reino de Prusia: la esencia de la Alemania como potencia europea en los siglos XVIII, XIX y principios del XX. Formaron parte de este reino la totalidad o parte, de los territorios actuales de estas naciones: Alemania, Polonia, Rusia, Lituania, Dinamarca, República Checa…
La capital inicial del Reino de Prusia fue Könnisberg, una ciudad meridional, auténtico escenario de un libro de cuentos medievales. Posteriormente la corte se trasladó a Berlín, para que la dinastía Hohenzollern en el siglo XVII, rigiera de una manera más centralista, el vasto imperio alemán del cual eran llamados a gobernar.
¿Qué rememora Prusia? Reminiscencias de un genial ayer, Borussia en latín -a ustedes les debe sonar ese equipo de fútbol alemán- Preussen en alemán, fue la potencia militar por antonomasia en el siglo XVIII. Dispuso de un ejército temido, respetado y admirado por los demás imperios, cuyos uniformes azules tuvieron como origen las pruebas químicas de un prusiano, de ahí el nombre con el que teñían sus casacas y que hoy está catalogado como el Azul Prusia o de Berlín.

Prusia es sinónimo de preponderancia, de esplendor, de hegemonía, de estilo y el paradigma de la evocación dieciochesca. Fue el máximo exponente de la figura del rey como caudillo militar, sirvan de ejemplo los nombres de los emperadores Guillermo I, Federico III y Guillermo II el último káiser y rey de Prusia. Hablar de Prusia es ya hablar de Alemania, de Bismarck y su obra unificadora a imagen y semejanza del Sacro Romano Imperio Germánico, deshecho por Napoleón.

En el mapa podemos comprobar la complicada área territorial de este país extinto, cuyo color azul prusiano queda como gotas de pintura caídas de manera caprichosa en el atlas de Europa. Todo ello por varios motivos, uno de vital importancia: la orografía propia de los países centroeuropeos, donde cobra relevancia el elemento geográfico que jalona su uniformidad estética topográfica con los lagos, los ríos caudalosos, los sistemas montañosos y alguna que otra península.

La otra cuestión a tener en cuenta en la difícil cartografía de este reino desparecido, es la geopolítica, culpable también de esa apariencia abstracta en el plano del viejo continente, provocada por muchos ducados, grandes ducados y principados, así como reinos germanos, que se mantuvieron al margen del Reino de Prusia, siendo soberanos hasta el final de la I Guerra Mundial, donde también desapareció el Reich, la monarquía y Prusia como reino.

Durante la República de Weimar, Prusia se convierte en un estado libre con parte de su espacio físico menguado por el Tratado de Versalles. Con la llegada del nacionalsocialismo, la originaria patria del Canciller de Hierro se convierte en un estado autónomo. Al final de la II Guerra Mundial, con la derrota de Hitler y la Alemania Nazi, los soviéticos toman el control de esta región hasta su disolución total como Prusia Oriental en 1947. Könnisberg, la primigenia capital de Prusia pasó a llamarse Kaliningrado dentro de la URSS. Hoy día mantiene el nombre ruso y la afiliación nacional de la tierra de los zares, formando el Óblast de Kaliningrado, una zona federal de Rusia. La Prusia Occidental es en estos momentos, dos estados federales (länders) de la Alemania unida después de la caída del muro: Berlín y Brandeburgo.

You Might Also Like