nos vamos de vacaciones

29 junio, 2015

capriPalma de Mallorca, Jávea y Marbella  fue el impresionante tridente de los veranos chics en la España de los 70 y 80. Entre las altas esferas si uno no disponía de una casa en uno de estos tres parajes de la costa española, no era nadie. En Palma de Mallorca concurría la realeza como bien sabemos y parte de la aristocracia del mundo. En Jávea, la oligarquía política y económica en sus lujosas urbanizaciones. En Marbella era la beautiful people de Hoollywood y de toda Europa la que quería retratarse allí. Quedan coletazos de vuelos de dragón de aquellos estíos con brío, pero ya nada era como antes…

Hoy día, veranear ya no es sólo un espacio físico, es un estado. Gracias a las redes sociales y al clima tan desestacionado, podemos estar veraneando en casa desde mayo. Una imagen de piscina o playa local publicada en cualquier aplicación desde nuestro móvil, es indicio de relax, veraneo y goce estival. Las nuevas tecnologías ayudan también a rememorar nuestros días de descanso y a regocijarnos con ellos subiendo y volviendo a subir fotografías en Facebook o Instagram, consiguiendo la sensación de que todavía seguimos de vacaciones.

La globalización del verano también ha supuesto una deslocalización. Ya no está de moda pasar todo el periodo vacacional en un mismo e idílico sitio, aunque queridos lectores,  yo sí les recomiendo hacerlo, si está en sus posibilidades. A finales del XIX y principios del XX eran Santander, Zarauz, San Sebastián, Biarriz, la Costa Azul  o Capri los lugares escogidos. Ahora se prefiere viajar a mil sitios durante julio y agosto –en ocasiones más barato- o a ninguno depende el trabajo, y disfrutar del “finde”. La oferta de vuelos y la inestabilidad laboral, fragmentan los largos tiempos de vacaciones de ayer. Otros conceptos, otros veranos.

Sin embargo, no nos resistimos al paseo y lucimiento de traje de baño y bronceado en los lugares de moda donde tenemos el privilegio de veranear o de visitar al menos en plan dominguero, un día como invitados, vamos, los días de vacaciones de toda la vida de Dios: agosto. No nos atrevemos a renunciar a los atardeceres con mojito o el ya manido gintonic a orillas del Mediterráneo,  no podemos resignamos a dejar de lado las copas nocturnas en esas veladas inabarcables e inacabables estrelladas.

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