Mujeres de estado

11 septiembre, 2015

mujeres-deQueridos seguidores de Los Cuadernos de Napoleón, voy a lanzar una proclama femenina que no feminista, en esta semana en la que Isabel II ha logrado el récord de años en el trono en el Reino Unido de la Gran Bretaña: una soberana, una corona -varias en su caso- un destino…

El sexo femenino siempre ha estado discriminado a través de los siglos, y no sólo en el campo de la gobernanza. Únicamente ha habido mujeres rigiendo, como solución última por cuestiones biológicas, de linaje y de postreras opciones.

Estos tics prehistóricos, tan deleznables a mi juicio, han sido constantes en el pasado siglo, y aún en el nuestro, pues en la política, en la empresa pública, y no digamos ya en la privada, la mujer sigue denostada en los puestos de mando, de dirección y de liderazgo. Estarán conmigo, queridos lectores insufribles de estos cuadernos napoleónicos, que a la mujer se le sigue cuestionando en todo y le sigue costando el doble que al hombre, llegar a las cimas de poder.

La Historia Universal nos deleita en sus páginas cincelazadas en oro y sangre, con la diligencia y sabiduría con la que las damas han obrado siempre que han ostentado sus caudillajes en la política, en las artes, en las ciencias. Sus nombres permanecen todavía cercanos, por la impronta que dejaron en el mundo.

Han sido mejores reinas ellas que ellos: Isabel la Católica, Victoria de Inglaterra, Isabel de Inglaterra, Catalina la Grande. En otras ocasiones fueron mejores generales que los varones militares, como Juana de Arco y Agustina de Aragón y qué decir como consortes en las jefaturas de estado, convertidas posteriormente en auténticas heroínas de sus pueblos como Eva Perón o políticos de la talla de Margaret Thatcher o Indira Gandhi,  y tantas y tantas otras que dieron lo mejor de sí mismas a las gentes de sus naciones y por ende a la humanidad. A todas estas mujeres les acompañó el carisma penetrable y universal, la clara vocación de servicio en su contexto histórico y el sacrificio como máximo ejemplo de amor a las causas.

A lo que en suelo patrio se refiere, en la actualidad, de nada han servido las legislaciones discriminatorias y de “desigualdad”, propiciadas por gobiernos ignorantes. La ley de paridad de las listas electorales por ejemplo,  obligando a un número idéntico de hombres y mujeres en la candidatura, supuso una auténtica desfachatez. ¿Perdonen? ¿A caso no puedo contar con una lista exclusivamente de mujeres? ¿El mérito lo otorga el sexo? Banalidades y cosmética política, de las cuales hay que huir siempre en pro de una verdadera igualdad de talentos y oportunidades.

Deseemos pues, amigos míos, que la mujer siga gobernando y más, con esa mano y esa entrega total que instintivamente le viene dada desde el principio de los tiempos. Nos irá mejor, la historia no falla. Releamos algunas biografías y volquemos el corazón a la esperanza de una España mejor, una Europa perfecta y una comunidad internacional distinta. He dicho. Feliz fin de semana.

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