LOS MUNÁIZ, UNA VIDA ENTRE EL PORTICHOL Y EL EJÉRCITO DEL AIRE. II PARTE.

22 julio, 2018

37734977_10156243492137928_5641440209015930880_nAntonio Munáiz Ferro-Sastre (1935-2017) hijo del general Munáiz Ferro-Sastre, siguió la tradición militar familiar y llegó a coronel del Ejército del Aire. Ingresó en la Academia General del Aire a los 16 años, la misma academia que tuvo a su padre como primer coronel-director. Se graduó como teniente, siendo destinado primero a Valladolid convirtiéndose en uno de los mejores pilotos de los aviones con hélice norteamericanos T-6 Texan. 

Participó en la Guerra de Ifni en África (1957-1958) destacado en la Base Aérea de Gando (Gran Canaria). En Canarias conoció a la que sería su esposa, Amelia Benítez-Parodi Jiménez, contrayendo matrimonio en 1959 y regresando a Valladolid, su destino inicial, una vez acabado el conflicto bélico africano. Después de cuatro años en Valladolid, Munáiz Ferro-Sastre asciende a capitán y es destinado como profesor de vuelo a la Academia General del Aire, para instruir a los futuros pilotos. Dos años más tarde asciende a comandante y vuelve a Canarias. Munáiz Ferro-Sastre disfrutó de una carrera militar interesante y flamante en el Ejército del Aire, fue testigo del cambio de ciclo en las Fuerzas Armadas de la era del rey Juan Carlos I, una nueva etapa de transformación e internacionalización del mundo militar. Al coronel Munáiz Ferro-Sastre le tocó lidiar con los “Expedientes X”. En 1974 es nombrado juez instructor e informador del espacio aéreo para el primer caso de OVNIS. Durante las décadas de los 70 y de los 80, el fenómeno OVNI estaba a la orden del día en prensa, radio y televisión. En un bello reportaje del célebre escritor e investigador Javier Sierra, el coronel Munáiz Ferro-Sastre concede una de las pocas entrevistas, y desgraciadamente la última, para hablar largo y tendido sobre esos años apasionados de fenómenos extraños en el cielo y el papel del Ejército del Aire en todo este asunto repleto de incógnitas. 37746048_10156243616032928_7698144826952253440_n

Munáiz Ferro-Sastre fue autor de una monografía para su ascenso a coronel en la Escuela de Estado Mayor “Método para la investigación de fenómenos aeroespaciales”, pero antes ascendió a teniente coronel y fue destinado al Ministerio de Defensa. Ya como coronel es destinado a Melilla habiéndose graduado en la Escuela del Estado Mayor Conjunto (Tierra, Mar y Aire). 

Cuando faltan pocos días para conmemorar el primer aniversario de la muerte del Coronel Munáiz Ferro-Sastre, me gustaría reivindicar su figura, claro exponente de los mejores aviadores del siglo pasado. Un hombre con dos pasiones: volar y el Portichol. El avión, como el decía, era una extensión de su cuerpo. Le encantaba volar durante el amanecer y alguna vez visitó pilotando su avión, la bahía de Jávea. También, como sus padres, el coronel Munáiz fijó su residencia en la casa del Portichol de Jávea junto a su esposa cuando pasó a la reserva activa, pues la filosofía de los ascensos a finales de los años 80 empezó a mezclarse demasiado con la política, y los militares de vocación en general y los aviadores en particular, no han estado nunca por la labor de ese tipo de “promociones”. El matrimonio tuvo cinco hijos y siete nietos, algunos de ellos hicieron de Jávea, su ciudad natal.

37740298_10156243491697928_4290175963628568576_nYo tuve la suerte de entrevistarme con él en varias ocasiones en la misma terraza mirando hacia el mar de la Cala Blanca con el Montgó en su versión de pirámide, como único testigo de nuestras charlas y apuntes sobre la historia local, cosa que rememoré al ver el programa “Otros Mundos” de Javier Sierra en la primavera pasada. Hoy lo hago con su viuda y su hija Cristina, hablando de anécdotas y mirando los álbumes familiares. El coronel Munáiz, como su padre el general, también está enterrado en nuestro municipio.

Sirvan pues, estas pinceladas biográficas, de pequeño homenaje a una gran saga de hombres entregados al servicio de España desde el Aire. A la Familia Munáiz, veraneantes de los de antaño, de aquellos que se convertían en vecinos con discreción, demostrando su amor y respeto a Jávea, comprendiendo muy bien lo que significaba su historia, su naturaleza y su esencia…

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