LOS MUNÁIZ, UNA VIDA ENTRE EL PORTICHOL Y EL EJÉRCITO DEL AIRE. I PARTE.

5 julio, 2018

37388566_10156227571167928_1543949002410557440_nEste año en el que se conmemora el 75 aniversario de la Academia General del Aire, quisiera evocar la figura de su primer director, un javiense de adopción, el General Antonio Munáiz de Brea. Yo conocí al general Munáiz con apenas cuatro años y mi memoria sólo llega alcanzar a un señor mayor y afable sentado en una naia en el Portichol. En mi casa siempre habían hablado bien de él, se le tenía mucho cariño al matrimonio, de hecho asistieron a la boda de mis padres. Pero antes de este esbozo biográfico sobre el general Munáiz, me centraré someramente en la génesis del Ejército del Aire en España, hecho que tuvo lugar en el mismo momento de la creación de las demás fuerzas aéreas de las potencias occidentales. Y no era de extrañar esta sincronización, la aeronáutica estaba en completa revolución desde la aparición de los primeros dirigibles a finales del siglo XIX. 

En 1911 durante el reinado de Alfonso XIII, se aglutina en el aeródromo ”Cuatro Vientos” de Madrid, la primera flota de aviones para que sean pilotados por militares, fijando así el nacimiento de la Aeronáutica Militar Española. Pero no será hasta el 7 de octubre de 1939, cuando oficialmente se cree la fuerza aérea española bajo el nombre de Ejército del Aire. La Academia General del Aire se funda en 1943, en San Javier (Murcia) y desde entonces es la institución castrense encargada de formar a los oficiales de la Aviación. La Patrona del Ejército del Aire es la Virgen de Loreto y la Cruz de San Andrés figura en todas las colas de los aviones desde la Guerra Civil, pues la escarapela bicolor del bando nacional y la tricolor del republicano, podían confundirse desde tierra fácilmente, lo que llevó a algún que otro derribo con fuego amigo.

El Rokiski es el emblema del Ejército del Aire. Lleva el apellido del grabador de la insignia desde 1939 hasta su fallecimiento en 1965 en su taller de la calle de Carretas de Madrid, Luis Rokiski, un personaje muy popular entre los aviadores españoles. Esta divisa fue creada por la Infanta Doña Beatriz, hija del duque de Edimburgo y prima hermana de la reina Victoria Eugenia. Como esposa del Infante Alfonso de Orleans y Borbón -genio de la aviación española- participó en una reunión con reconocidos pilotos militares, que plantearon dotar de un símbolo al Servicio Aeronáutico. La infanta, que era una experta egiptóloga, dibujó dos alas plegadas unidas por un círculo rojo bajo la corona real, emulando las alas de la diosa Maat y el disco solar que representa a Ra, hallados en la tumba de Seti. El diseño de Doña Beatriz tuvo gran aceptación y el nuevo emblema fue aprobado el 16 de abril de 1913. Pero volvamos al homenajeado en este artículo. 

Antonio Munáiz de Brea nació en Madrid un 5 de Julio de 1900. Fue el tercer hijo de los ocho que tuvo el matrimonio formado por Francisco Munáiz y González-Garrido y María del Carmen de Brea y Cambreleng, hija del Barón de Artagán, un aristócrata militar que llegó a protagonizar en la segunda mitad del siglo XIX, muchos episodios de la convulsa historia de España. 37735771_10156243492157928_8428227235059597312_n

Antonio Munáiz de Brea ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1916, graduándose como alférez en 1919, siendo su primer destino el célebre Regimiento de Infantería “Asturias”. Ya como teniente en 1921, es destinado a Ceuta y pasa a formar parte del Batallón de Cazadores de Llerena, de la Policía Indígena y posteriormente del Batallón de Cazadores de Arapiles nº 9. En plena guerra de Marruecos participa en las acciones de Tetuán. A finales de ese año 1921, realiza el curso de piloto, recibiendo el título de piloto militar de aeroplano en el Aeródromo de Getafe (Madrid), integrándose en el Servicio de Aviación en Sevilla. En 1923 es destinado al Grupo de Escuadrillas de Melilla participando dos años más tarde, en el Desembarco de Alhucemas con la correspondiente cobertura aérea a las tropas comandadas por el General Miguel Primo de Rivera.

El año 1926 es especialmente significativo en la vida de Munáiz. Asciende a capitán de Infantería por méritos de guerra, y es que el teniente Munáiz había sufrido ya dos años atrás en la Guerra de Marruecos, heridas por una explosión de bombas de iperita en el aeródromo de Nador y su destacada actuación en el desembarco, sirvió como acicate a la superioridad, para promover el ascenso del piloto. Contrajo matrimonio con María Luisa Sastre González, el 25 de octubre en Melilla. Realizó el Curso de Observador en Los Alcázares (Murcia) y se incorporó a la Escuadra de Instrucción en “Cuatro Vientos” (Madrid), siendo condecorado seguidamente con la Cruz del Mérito Militar de 1ª Clase con Distintivo Rojo y la Cruz de María Cristina.

En 1927 es calificado como jefe de escuadrilla y más tarde como ayudante del jefe de Aviación en el aeródromo de “Cuatro Vientos”. Se le concede otra Cruz al Mérito Militar de 1ª Clase con Distintivo Rojo. En Madrid permanece hasta su vuelta a Marruecos en 1929 al mando de la 2ª Escuadrilla del Grupo 4º. Asciende a comandante en 1933 y se convierte en Jefe de la Aviación Militar hasta 1936.

En 1939 el Comandante Munáiz es destinado a la 2ª Sección de Estado Mayor del Aire y más tarde a la 3ª Región Aérea como Comandante Mayor en Valencia. En 1940 asciende a teniente coronel. Tres años después, siendo ya coronel es propuesto para fundar y dirigir la Academia General del Aire, siendo su primer director y estando en el cargo desde1944 hasta 1949. También Munáiz fue el artífice de las Milicias Universitarias del Aire.

Es durante la Semana Santa de 1945 cuando el entonces coronel Munáiz descubre este paraíso de la Costa Blanca, gracias a otra leyenda de la Aviación Española, su subordinado y amigo, Federico Noreña Echevarría. Le gustó tanto que más adelante alquiló un chalet para pasar el verano de 1945 en el Montañar Primero, la Casa del Pino se llamaba. Finalmente la familia Munáiz decidió comprar una casita en el Portichol en 1946. Noreña que estaba casado con la javiense María Luisa Cisneros Cruañes y en 1945 era teniente coronel en la Academia General del Aire, antes  de coincidir en San Javier con su superior Munáiz, fue comandante jefe de la base aérea de Pollensa (Mallorca) durante la Guerra Civil Española. Era vox pópuli en nuestro pueblo que el comandante Noreña había evitado los bombardeos de los Henkel alemanes a nuestra villa, centrando los objetivos bélicos de la Legión Cóndor a otras zonas del Mediterráneo cercano. Noreña se convirtió en presidente del Club Náutico de Jávea en 1963, y fue uno de los máximos impulsores de su creación. Esta institución socio-deportiva fue inaugurada en 1958 por otro héroe del Ejército del Aire, el Teniente General José Galán Guerra, quedando para siempre una fuerte vinculación de Jávea con los ases de la Aviación.

general-munaiz-uniformeAntonio Munáiz de Brea ascendió a general de brigada en 1956 y a general de división en 1958, llegando a la Jefatura del Estado Mayor de la Región Aérea Atlántica (Canarias), a la dirección general de personal del Ministerio del Aire en Madrid y a la Región Aérea de Levante como segundo jefe, en Valencia, estando ya cerca de su estimado Portichol. Pasó a la situación “B” en el Ejército del Aire en 1964, posición que suponía no tener más ascensos, pero quedando unido a la vida activa militar por su experiencia y su hoja de servicios repleta de recompensas militares y vicisitudes de toda índole. Esta época la aprovechó además, para interceder por los javienses que debían hacer la “mili”, el servicio militar obligatorio, aconsejándoles que se presentasen como reclutas voluntarios en la base aérea de Manises en Valencia, evitando así los sorteos de quintas, en los que podía tocar por destino cualquier provincia española, sobre todo las lejanas. También animó a que algunos de nuestros paisanos hicieran la carrera militar en el Ejército del Aire. En uno de sus veranos xabieros, Don Rafael Peiró Fayos le diagnosticó una severa peritonitis, intervenida a tiempo. Murió en Jávea el 27 de julio de 1983 y es aquí en nuestra ciudad, donde sus restos reposan en el antiguo cementerio custodiado por la mítica ermita de San Juan. 

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