la orden de maria luisa

29 marzo, 2017

RODNMLCon el reciente fallecimiento de S.A.R. Doña Alicia de Borbón-Parma y Habsburgo-Lorena, la Real Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa, pierde a una de las últimas mujeres de la realeza europea, condecoradas con esta distinción por el Rey Alfonso XIII. Una etapa final se cierne sobre esta orden que actualmente está extinguida de facto, aunque en vigor.

La Real Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa se creó a finales del siglo XVIII por Carlos IV, a iniciativa de su esposa la reina María Luisa de Parma. La filosofía de esta dignidad era condecorar a las mujeres nobles de España y de Europa, cuyas virtudes y servicios a la Corona de España eran de sobra conocidos.

Consiste en una banda de seda moaré, con tres franjas de igual tamaño, una blanca en el centro, jalonada por dos moradas. Su cruz lleva los atributos de la heráldica de España y a San Fernando –patrono de la orden- envueltos con la leyenda: “Real Orden de la Reyna María Luisa”. Se otorgaba en una ceremonia privada en las dependencias de la reina, en el Palacio Real de Madrid. Todas las reinas de España desde entonces, han ostentado el  Gran Maestrazgo de la orden, siendo en la actualidad la Reina Letizia.

Hace un año, se trasladó a la Casa Real por parte de algunas entidades privadas, la propuesta histórica de recuperar la vigencia de esta orden, la segunda en precedencia de nuestras órdenes civiles, reivindicando así la importancia de esta insigne orden. Esta proposición que en los nuevos tiempos que corren, sería la oportunidad perfecta para equiparar la mencionada orden con la de Carlos III y la de Isabel la Católica al abrirla a los caballeros, como las anteriores lo hicieron a las damas a finales del siglo XIX, tuvo una buena aceptación por parte de la Casa de S.M. el Rey, cuyo departamento de protocolo nos remitió al Ministerio de Asuntos Exteriores y al Derecho Premial para acometer este asunto con rigor y delicadeza. Sin embargo ya sabemos cómo funciona la burocracia española…

Entristece pues, comprobar que países como el Reino Unido u Holanda, mantengan el vigor de estas distinciones y conjuguen tradición y vanguardia con sus órdenes más emblemáticas, y nosotros, los españoles, por problemas de diversa índole, no hagamos justicia a nuestra historia. ¿Por qué no probamos en recuperarla y distinguir también a mujeres coraje, deportistas, científicos, mujeres que luchan cada día por la igualdad, por la caridad, por sacar a su familia adelante, ennobleciéndolas con la orden de María Luisa?

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