la batalla de francia

23 noviembre, 2015

arcoQueridos lectores de los cuadernos napoleónicos, ya ha pasado una semana desde los atentados islamistas en París, la rabia de los primeros días junto a la impotencia, deben dar paso ahora al análisis de la situación actual en la que se encuentra el mundo occidental frente a su enemigo declarado desde aquél fatídico 11 de septiembre de 2001. Antes de abordar el tema, sí que me gustaría explicar mi postura respecto al mundo musulmán. Soy un fiel admirador de la cultura árabe, de la turca, de la persa y la magrebí. Que nadie manipule mis palabras, pues acusarme de simplista, en un tema tan complejo, sería una falacia que no podría perdonar. No podemos confundir Islam, con islamistas ni musulmanes con yihadistas. El Islam, una de las grandes religiones monoteístas recoge bajo su manto varios países asiáticos, la totalidad de los países árabes, los países del Magreb, los persas y turcos y algunas naciones de África en dos ramas: chiíes y suníes donde surge el salafismo, del que se nutre parte del radicalismo beligerante. Diferencias vitales para que entendamos un poco más este enjambre de conflictos derivados en la gran guerra del siglo XX.

Desde que nacieron Los Cuadernos de Napoleón, en cuanto a política internacional se refiere, he ido publicando algunos artículos sobre los conflictos del mundo. Ahora todos estos posts confluyen en uno, cuya base de mi pensamiento, reflejado en este blog, se sostiene por dos ideas fundamentales: la debilidad de Europa y el terrorismo islámico. Europa y Estados Unidos han actuado mal y tarde en la guerra civil de Siria, en el problema de los refugiados, en las exigencias a Turquía, país integrante de la OTAN que ha dejado circular a los islamistas con total libertad, y en otra serie de desatinos diplomáticos que por ahora, pasaremos por alto…

Muchos expertos en política internacional y en concreto en Oriente Medio, no comparten la opinión de que actualmente estemos sumidos en una guerra tradicionalmente concebida. Otros sin embargo, son partidarios de llamar guerra a todo lo que acaece desde los atentados de Nueva York, hace ya 14 años. Desde Los Cuadernos de Napoleón apostaremos por una tercera opción, quizá atrevida pero cargada de simbolismo: la III Guerra Mundial suscribiéndonos a varios diplomáticos e historiadores que hablan de este conflicto, como la guerra entre parte del oriente radical y a la totalidad de occidente. Una lucha hegemónica de índole religiosa con muchas batallas librándose a la vez, pero con un fin común, el establecimiento final del Islamismo radical en todo el universo y el exterminio de la herejía y del infiel. Los mismos musulmanes llevan años sufriendo al Estado Islámico. Ahora que nos han traído la guerra a las calles y plazas de nuestras ciudades, nos damos cuenta de que hay que aniquilar a este enemigo que lleva mucho tiempo avisando de que no somos dignos de vivir según sus erróneos postulados.

Francia, como Rusia hace meses, ha iniciado actuaciones bélicas que nos incumben a todos. No conozco a nadie que ame la guerra. He crecido en un ambiente militar en mi familia, y jamás me hablaron de la guerra, el buen gusto de no hacerlo implicaba cuánto horror habían palpado los ojos que me miraban y las manos que preparaban mi merienda… Pero estamos en guerra, y debemos apoyar la defensa de nuestra libertad, de Europa, de nuestra manera de vivir, de la democracia y en definitiva de lo que nos mueve cada mañana a levantarnos y a luchar en este mundo tan extraño. Quizá sea la guerra más importante y justa de nuestro tiempo, y por ello merezca el calificativo de III Guerra Mundial, como lo fue la II Guerra Mundial y su final, pues del resultado de la misma depende el futuro de nuestros hijos y nietos.

Los islamistas atacaron el modo de vida occidental: un concierto, una cafetería, un restaurante. Por ello España, deberá apostar por secundar a Francia en esta batalla, también Inglaterra, Alemania y las demás potencias. Todos estamos en guerra y merecemos ser defendidos con contundencia, sin complejos, sin grietas y con la certeza absoluta de que si Europa vuelve a ser el referente del mundo, nadie podrá abatirnos jamás.

You Might Also Like