INCERTIDUMBRE

20 abril, 2017

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Mientras nos llegan imágenes crueles de los asesinatos de estudiantes en las calles de Venezuela, perpetrados por los matones y los policías de su majadero presidente, en Europa todos los focos iluminan de mil colores el símbolo de nuestro continente: la Torre Eiffel. Es la hora, ahora así, de la verdadera existencia de Europa. Los franceses están convocados en una primera vuelta el próximo domingo, a elegir a su presidente por cinco años. Nunca las encuestas estuvieron tan reñidas. Pero obviando a los medios y sus quinielas, todo indica que una fuerza política puede obtener el porcentaje necesario de apoyos, impidiendo la segunda vuelta. Hablamos de Marine Le Pen y su Frente Nacional.

Los partidos políticos evolucionan. Mientras en España la extrema derecha es inexistente, con Podemos aparece una extrema izquierda preocupante y los partidos tradicionales PSOE y PP, van hacia el abismo por la corrupción, el desafecto y la guerra civil constante. Es cierto que desde España vemos con recelo al Frente Nacional de Le Pen. Sí, es peligrosa para España una victoria del FN en Francia, y para Europa, pero no para Francia. Seamos sinceros. El FN no es aquella formación que fundó Jean Marie en los años 70, no es un partido de corte fascista. Nos gustará más o menos su tono y su puesta en escena, pero es un partido democrático que aglutina a millones y millones de franceses de todas las edades y de toda índole social, económica y cultural. En nuestro país tampoco el Partido Popular es hoy la Alianza Popular de los “Siete Magníficos” ministros del Franquismo, ni los Socialistas aquellos leninistas que otrora promovieron golpes de estado y revoluciones en plena II República. Seamos serios, tengamos perspectiva y acometamos los nuevos retos con sentido común. Si Marine Le Pen llega a ser la siguiente presidente de la República Francesa, habrá que dialogar desde Bruselas para que la Unión Europea no desaparezca en semanas. Suena duro, pero es la pura realidad.

También sigue creciendo la incertidumbre en Oriente Medio y en Asia. La política internacional de Estados Unidos, que desde estos cuadernos napoleónicos ya vaticinábamos como un punto final a la política nefasta de Obama y un puñetazo en la mesa donde está el tablero de juego por parte de Trump, ha dado un giro inesperado para advertir a Rusia, a China, a Siria, al iluminado de Corea del Norte y a la comunidad internacional en general, que Estados Unidos vuelve al terreno de la política internacional para quedarse como adalid de la democracia, cabeza y cola de las decisiones estratégicas y en definitiva para volver a ser la policía del mundo. Nada que objetar. Pero en Siria, Trump se equivocará y mucho, si implanta una guerra total contra el Gobierno de Assad. Derrocar al régimen sirio,  no debería ser el principal objetivo de este conflicto, el enemigo es DAESH. Si los Estados Unidos continúan así, Siria se convertirá en una nueva Libia -el gran problema que nos dejó Obama y Hollande- un país sin el control de una dictadura, que abre el camino al caos islamista y el poder de su violencia. Libia es una nación donde la esclavitud y las mafias sexuales, junto a los atentados y la radicalización constituyen los pilares de este nuevo estado. ¿Queremos lo mismo para Siria?

En esta incertidumbre global, Europa se la juega en unos días. Debemos ser conscientes del tiempo que nos ha tocado vivir, abandonando el buenismo ilustrado, empezando a reconstruir nuestro continente para que seamos actores principales en el escenario internacional. ¿Hará falta a partir del domingo otro golpe de mesa donde se juega el asunto internacional por parte de Europa, y luchar por esa hegemonía que contrarreste a los Estados Unidos? Sin duda.

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