Gibraltar

3 abril, 2017

firma-de-la-paz-de-utrechtEsta semana en Los Cuadernos de los Napoleón, abordamos barcos piratas, pero con palabras. Estimados seguidores de este blog, vamos a intentar que los sables sigan en las vainas, pero bien sujetas las manos en sus empuñaduras desde el castillo de popa. Pensemos que esto no es más que un cuento, una leyenda o una pesadilla. La tormenta pasará.

Poco a poco se van desgranando los efectos que causará el Brexit. Si ya adelantamos desde aquí, que el tema del peñón traería cola, este fin de semana hemos asistido atónitos al nerviosismo y la crudeza por parte de la carcunda británica ante los medios de comunicación, poniendo en evidencia la poca previsión desde Londres, para acometer dicho divorcio entre la Gran Bretaña y la Unión Europea.

En nada ha ayudado nuestro canciller, con declaraciones poco inteligentes y carentes de responsabilidad, disparando al aire mientras mentaba a Escocia. Tampoco me ha sorprendido la falta de decencia en las redes sociales, ni me ha molestado la ignorancia de los tertulianos en radios y televisiones. Pues nadie ha leído o releído, el Tratado de Utrecht.

Siempre me he definido germanófilo y anglófilo a partes desiguales. Con sentimientos encontrados pues, mi respeto al pasado y a la Historia, me pide dejar las cosas como están. Pero es cierto que el asunto de la roca, es ya un anacronismo en pleno siglo XXI ante una era globalizadora, y con el nuevo status quo de un Reino Unido fuera de la U.E. no podemos permitir gamberradas fiscales y beneficios absurdos a Gibraltar como entidad autónoma o independiente. Si el peñón es británico, se irá con los ingleses fuera de la Europa Política y Económica, si quiere quedarse, deberá ser española. Esas serán la únicas dos opciones. Jamás será solución legítima la surrealista cosoberanía. Eso sería un ultraje para España y también para Inglaterra.

Desde Londres se ha abusado del buenismo español. Los británicos se han adueñado de las aguas que no figuran ni en el preámbulo, ni en los 27 artículos, ni en los tres anexionados posteriormente del tratado firmado por los soberanos de España e Inglaterra en 1713. Varias humillaciones al Reino de España, han acaecido durante los últimos años, cuando desde la Royal Navy se embestían a las embarcaciones de la Guardia Civil, o se hacían prácticas de tiro a objetivos con los colores de la rojigualda. El complejo del gobierno español de turno, inaudito. España tiene la oportunidad histórica de poner punto y final a siglos de oprobio. Con paciencia, delicadeza, firmeza y sentido común. No como hasta ahora.

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