españa y el turismo

23 julio, 2015

espanaÚltimamente, queridos seguidores de Los Cuadernos de Napoleón, las fuerzas populistas de los grandes ayuntamientos del Reino de España, han convenido dar la batalla al turismo, a los comercios, a las terrazas. Otra guerra perdida a largo plazo, pero que ahora mientras sigan gobernando, dejarán las arcas de los currantes que se levantan a las seis para abrir su bar, un poco más vacías, torpedearán las inversiones nacionales y extranjeras en materia hotelera, y ahuyentarán con los más que probables impuestos revolucionarios, a los futuros trotamundos españoles y de todos los confines de la Tierra.

¿Cabe mayor estupidez que la de hundir el gran transatlántico de la industria española? No llenaré este artículo de datos, estadísticas y demás, para eso tienen internet en el teléfono, les recuerdo que en España no envía

¿Puede haber algo más bello para la libertad e independencia de un español, que el poder apostar por ser un nuevo y pequeño empresario de hostelería o de lo que le salga del moño, apoyado por la carencia de trabas de su ayuntamiento, y no viviendo del Papá Estado? En efecto, no. Pero algunos quieren obviar la gran oportunidad del turismo para nuestros pueblos y ciudades, abominan de ese “invento” franquista, del de los años 60 con su Spain is different y  Jávea, Amanecer de España y nos quieren hacer creer, que plantando cosechas en el Barrio de Salamanca de Madrid o en las magníficas calles del casco histórico de Valencia, la agricultura nos salvará.

Mi experiencia personal es egoísta, no me gustan los turistas en Roma, ni en París, ni en Londres, los detesto en los museos de todo el orbe, los evito en Jávea, en Formentera, en Ibiza, en Palma. Pero tengo el albedrío de poder disfrutar de junio y septiembre para tomar el baño en las calas o visitar los museos a horas intempestivas, o fastidiarme porque no soy el único habitante del Universo. Huyendo pues, del interés personal,  anteponiendo el interés nacional, jamás se me ocurriría poner barreras, construir muros y aduanas para frenar el turismo y sus bonanzas ya no sólo en verano, también a lo largo del año en este país bendecido por el clima, por la historia en cada rincón arquitectónico de la vieja Hispania. Señoras y señores, y ¿qué decir de nuestra forma de vida? desde San Sebastián a Cádiz, desde Valencia a Madrid, desde La Coruña a Mérida, nuestras tapas, nuestras cañas y vinos, nuestra siesta y modus vivendi, vertebración total de la nación española. Así somos. Que nos dejen ser así.

 

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