escapada de fin de semana en jávea

3 junio, 2015

escapadaEsta semana en Los Cuadernos de Napoleón, voy a convencer a quiénes no lo estén aún, para  que descubran o redescubran, queridos lectores,  el paraíso de la Costa Blanca, Jávea o Xàbia, hasta en el topónimo, esta ciudad mediterránea es rica en dones.

¿Qué tal si empezamos con una escapada de fin de semana? Atrévanse. Un buen viernes, en tren desde Madrid o coche desde Valencia u otros lares, llegue a la hora de esas tardes eternas de junio, en las cuales el sol, no se rinde hasta muy pasadas las nueve. Deje las maletas en el lugar que haya escogido para pasar estas dos noches y tres días. Los que tengan suerte, habrán ocupado su propio apartamento o chalet, otros, habrán podido quedarse en la casa de algún amigo, y los más osados habrán escogido cualquier hotelito con encanto o el mítico Parador Nacional, para hacer olvidar la dura semana en estos tiempos convulsos. Cualquier elección es buena, ténganlo por seguro.

Una vez deshecho el equipaje, les ruego que den un paseo por el Montañar Primero -la avenida que une la zona del Arenal y el Puerto- el azul intenso del Mar Mediterráneo en el atardecer, contrasta de una manera sobrenatural con el dorado de la roca arenisca petrificada, donde un números de chiringuitos y locales, a pocos metros del mar, descansan entre dos cabos a la vista: San Antonio a estribor y San Martín a babor. Paren en el que más les apetezca y disfruten del espectáculo increíble, con el cielo limpio primaveral, el clima perfecto para disfrutar del ocaso con una buena cañita fresca antes de cenar y continúen la noche ahí para tapear, Saona por ejemplo, es un lugar con encanto y con una carta apetitosa para estos placeres, habrán acertado.

El sábado por la mañana, es el gran momento para perderse en una de las infinitas calas que custodian Jávea, darse un chapuzón y gozar con esa naturaleza privilegiada en una costa que no tiene parangón en cientos de kilómetros. La Cala Blanca, la famosísima Granadella o la Cala del Portichol, son apuestas segura.  A la hora del aperitivo pueden  optar por el Bar Mercat en el Mercado Municipal o por uno de los restaurantes míticos de esta ciudad para disfrutar de un buen y merecido arroz como el Mezquida, la Perla, el Amarre o los Remos.

El sábado por la noche, les recomiendo buscar y conocer el casco antiguo de la villa. Sus calles angostas y plazas pequeñas, esconden sitios maravillosos para cenar cerca de un monumento histórico nacional: la iglesia-fortaleza. No les defraudará ni la Rebotica ni Mi Lola. Vinos, cocina vanguardista con el toque tradicional y encanto por los cuatro costados.

¿Quieren seguir la noche? Cualquier local del Arenal, Montañar o alrededores del pueblo,  para tomar una copa tranquilamente les irá bien, así como visitar las discotecas de moda los más trasnochadores. Montgo di bongo o la Sal, siguen siendo los clásicos enclaves para la diversión tranquila y con el ambiente deseado. Molí Blanc para los amantes del baile y de las noches mágicas hasta el amanecer…

El domingo por la mañana, más de uno de ustedes, repetirá el baño en el mar, también pueden visitar la zona del puerto, un enclave amable para poder desayunar en su paseo marítimo y tomar el vermut en La Esquina, hasta la hora de comer y la vuelta al mundanal ruido de Madrid o Valencia. Valdrá la pena, volverán, porque estoy convencido que Jávea es el paraíso que Dios ha puesto en la Tierra, ese territorio cobijado por el Montgó besado por el mar Mediterráneo, ahí es nada.

 

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