yo brindo por las curvas

9 julio, 2015

Queridos lectores del blog napoleónico. Esta semana, siguiendo los dictados del verano, he buceado en el mar y en las hemerotecas de los años 50, para rescatar el ideal de belleza de la mujer y del hombre: las curvas en ellas y el sombrero en ellos. Como hace calor, quiero dedicar este cuaderno de hoy a las curvas, a ellas… Dejaremos los sombreros para otoño si les parece bien. Todo ello por un pequeño incidente en la primera hora hoy.

Verán, queridos seguidores, estaba plácidamente desayunando como toda la vida de Dios, esta mañana en mi refugio mediterráneo, con sorbo de zumo natural de naranja valenciana, en mi copa de vidrio verde de Vista Alegre y zampándome una tostada con aceite andaluz,  depositada en mi plato azul de la Cartuja de Sevilla, cuando me ha sobresaltado una desagradable noticia. Tengo esa maldita tradición de leer la prensa mientras abro el apetito matutino, y más en esta época. Al grano, perdónenme, un icono de los 80: Meg Ryan, se había convertido en una patética caricatura de sí misma, en algo horrible, y no vean ustedes aquí ni machismo, ni falta de culto a la mujer, todo lo contrario pues en mi casa los matriarcados latinos han sido una constante; comprueben visitando las redes sociales, lo que les comento y luego entiendan bien mis palabras. La actriz estadounidense se ha destruido con las operaciones faciales, no queda ni sombra de ella, desconocida, cambiada, sin su personalidad ni naturaleza, como le ocurrió tiempo atrás a Renée Zellweger, ¿recuerdan?

Señoras, señores, debemos implantar en este siglo XXI tan nuestro y global, la decencia de envejecer, o madurar si lo prefieren, con dignidad. Yo veo oportuno ciertas operaciones estéticas o muchas, si guardan la esencia de uno mismo, pero transformarse en monstruos, convertirse en adictos de la complejidad facial irreconocible, se me antoja imbécil. A ello uniremos lo peligroso de la delgadez extrema y esas modelos que han sido paradigma de la nefasta pseudobelleza raquítica, tema complejo y triste en muchas adolescentes y sus familias. Por ello reivindico las curvas, el ideal de belleza verdadero de la dama. Mujeres del mundo, ahí va mi arenga: si queréis ser libres de verdad, reconvertíos en las nuevas Ursula Andress, Sofía Loren, Gina Lollobrigida, Ava Gardner, Marilyn Monroe, Grace Kelly, Brigitte Bardot o imiten a nuestros contemporáneos ángeles de Victoria’s Secret. Olvidad las dietas extremas que os hacen infelices. Declarad la guerra a la ridiculez cuando os hacéis mayores. Que no cese la hostilidad a los cánones de belleza de la extrema escualidez, tan de moda en este mundo. .No tengáis miedo a las curvas, pues no son peligrosas, son divertidas, dibujan las sonrisas, armonizan el entorno y demuestran que la belleza genuina, no pasa de moda.

 

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