BERLÍN

8 enero, 2017

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Estimados seguidores de estos cuadernos napoleónicos, empezamos el año con el relato de la impresión que me ha causado Berlín, en uno de mis viajes a Centroeuropa. Que nadie acuda a Berlín esperando ver una ciudad con armonía y belleza antigua como París, Madrid, Praga, Londres… Berlín ya no es la capital de Prusia ni del Imperio. Berlín ahora es el centro económico y político de una Europa ensimismada en las cifras y no en los valores ni en las personas, pero dejemos la política a un lado. Berlín es una ciudad nueva y moderna a la fuerza, capital de una Alemania reunificada y renacida de sus cenizas literalmente, una vez más. Berlín impresiona por su monumental forma de combatir las adversidades. La ausencia de edificios históricos es paradójicamente, la presencia de la Historia en mayúsculas en cada rincón, plaza y avenida. Se respira, se nota en cada ladrillo de pared o adoquín de suelo, el sufrimiento que ha padecido esta ciudad. Se cebaron con ella los aliados en el final de la Segunda Guerra Mundial reduciéndola a escombros,  y poco después la partición del pastel de los vencedores creó una división con un muro y un cisma en el alma todavía latente en sus gentes, suponiendo así una continuación de la tragedia berlinesa que aún perdura en los rostros de los mayores…

Sin el glamour pues, de la época del Káiser Guillermo II y de la majestuosidad de Federico el Grande que sólo podemos comprobar en fotografías antiguas, grabados y pinturas, Berlín ahora es una ciudad de vanguardia cultural y el mejor estudio arquitectónico del mundo de nuestro tiempo. Una ciudad sin muchas ganas de mirar al pasado, pero orgullosa de las buenas andaduras pretéritas y feliz de poder ser la metrópoli de esta Unión Europea de oportunidades para los emprendedores, los estudiantes y los que buscan su primer trabajo. Una ciudad interesante y de obligada visita para conocer la historia del continente, nuestra historia.

Recomiendo encarecidamente visitar la Catedral y todos los museos que se encuentran en la misma zona -Isla de los Museos- es sin lugar a dudas, la única reminiscencia de lo que fue Berlín en los siglos XVIII, XIX y XX.  Piérdanse por Charlottenburg para ir de compras o si lo prefieren, paseen y admiren la Iglesia Memorial del Kaiser Wilhelm. Disfruten de las célebres Alexanderplatz y  Postdamer Platz. Las pertinentes visitas al Reichstag, Tiergartem, la Puerta de Brandeburgo, el bulevar Unter den linden, el Barrio Judío, el Memorial del Holocausto y el Muro de Berlín, serán justas y necesarias para comprender Berlín. ¡Buen viaje al corazón de Prusia!

 

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