ANÉCDOTAS HISTÓRICAS

9 junio, 2015

20150322_073305-2Imagínense un día de sol regio, descarado y desgarrador. Un disco solar penetrante que con la ayuda de la arena, aprovecha para abrasar toda la levita de paño azul oscuro, jalonada de entorchados y brocados dorados como los botones y grabar en el noble tejido su majestuosa huella. El sudor empapa la camisa de lino blanca y los pantalones del mismo color puro, que después de horas y días en la nada oriental, llevan mapas enteros de polvo ocre, antecediendo a las botas, otrora charol negro brillante. Un hombre bajo un bicornio con escarapela tricolor,  envaina después de manchar cien veces con sangre enemiga,  su sable, y desde su caballo rendido más al clima que a la batalla -pero milagrosamente altivo como su jinete- alza la mirada al monumento imponente y lanza una de las frases más solemnes del mundo conocido: Soldados, desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos de Historia os contemplan”Su nombre,  Napoleón,  sus tropas, las francesas de la reciente República y su objetivo: la conquista de Egipto.

En este blog no podía faltar el personaje que inspira estos cuadernos, ni uno de mis países favoritos. Historia con historia. ¿Cabe mayor romanticismo épico que el de Bonaparte y las Pirámides de Guiza?

Bonaparte emprendió una célebre campaña militar en Egipto, cuando aún era un general con prestigio de la Revolución Francesa.  A los pocos días  de la Batalla de las Pirámides, entraba victorioso en El Cairo el 25 de julio de 1798, prometiendo un gobierno nuevo, dejando atrás para el país del Nilo, los reinados turcos y mamelucos tan poco deseados por el pueblo egipcio. Con la conquista del territorio, que se alargó hasta 1799, nacía un nuevo protectorado francés y también un respeto a su patrimonio y religión, aunque no debe omitirse, el expolio cultural como el de la Piedra Rosetta –que las tropas británicas de Nelson tomaron como trofeo en una batalla naval y que se encuentra actualmente en el British Museum- y el gran obelisco del templo de Luxor que preside la Plaza de la Concordia de París.

Napoleón después de esa misión militar en la Tierra de los Faraones, regresó a Francia con algo nuevo en la mente… Fue uno de los pocos privilegiados hasta hoy, de pasar una noche entera solo, en la Gran Pirámide de Keops, y llegados a este punto, les recomiendo queridos lectores, ahora con el estío entrando en nuestros hogares sin avisar, a viajar a este país singular y por supuesto a la lectura del libro de Javier Sierra donde refleja muy bien, esta visión histórica de uno de los personajes más celebres del mundo: “La pirámide inmortal”.

 

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