alfonso xiii

3 junio, 2017

alfonso-xiiiLa figura de Alfonso XIII ha sido siempre objeto de duras críticas, leyendas negras y demás compendios malintencionados que presentaban la España del Borbón, como una etapa oscura que daba paso a una época iluminada, dorada e idílica como la II República Española. Lejos de esa hagiografía absurda, es vital que reconozcamos una vez más, y ahora desde Los Cuadernos de Napoleón, el verdadero papel de D. Alfonso de Borbón y Austria.

Los inicios del reinado alfonsino coincidieron con el sistema político conocido como la Restauración, un sistema liberal pero no democrático, algo bastante generalizado en la Europa del siglo XIX. El turno de partidos capitaneado por Cánovas y Sagasta empezó a enrocarse provocando una falta de oxigenación parlamentaria que empezaba a repercutir en la nación. Dicho sistema parlamentario empezaba a hacer aguas por todos lados: sufragio imperfecto, pucherazos…

A pesar de este sistema político caduco: el reinado de Alfonso XIII fue el escenario de una España que emprendía un despegue económico y demográfico, equiparándose poco a poco a las demás potencias europeas, pues nosotros salíamos de unas guerras civiles como las dinásticas y otras de mayor envergadura como las de Cuba y Filipinas; y no era fácil estar a la altura de los demás países.

La Constitución de 1876 dotaba a la Corona de un poder fuerte. Este papel del monarca hizo que en ocasiones, deseando la regeneración del país, el rey tomara decisiones, como árbitro de la nación, menos acertadas, como el apoyo a una fallida dictadura que hasta el interesado de la misma –Miguel Primo de Rivera- abandonó en los últimos meses, sustituyéndole el General Berenguer. Todas las medidas del rey fueron por el beneficio de la Nación y en aras de una mejora total de la vida española. La dictadura supuso un breve paréntesis en la labor progresista de Alfonso XIII, y digo progresista porque fue el reinado dónde España progresó.

Don Alfonso fue un rey patriota, que sacrificó sus derechos como rey de España por el amor a su país; después de los comicios de Abril de 1931, donde el gobierno pensó en unas simples elecciones de concejales, los republicanos ganaron en la mayoría de capitales de provincia, y como una mancha de aceite fueron extendiéndose por la vieja piel de toro las ansias republicanas de un pueblo acostumbrado a esos virajes pasionales. Alfonso XIII tuvo que exiliarse de España, y antes de embarcarse gritó: “¡Viva España!”. Muchos le aconsejaron que se marchara, otros tantos le suplicaron que se quedara y combatiera ante aquel atropello, pero el rey no quiso derramar ni una gota de sangre para salvar su corona. ¿Cabe mayor signo de lealtad, serenidad y sobre todo de generosidad? Pues la respuesta es negativa, echemos un vistazo a la política actual y hagamos comparaciones.

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