agosto en jávea

31 julio, 2015
©Hermanos Galiana.

©Hermanos Galiana.

Empieza agosto o Agosto (como me enseñaron en la EGB, cuando los niños aprendían a escribir castellano correctamente) el mes español por antonomasia.  Es nuestro mes, el de las sagradas vacaciones de currantes y empresarios, el mes del punto y aparte. A veces, hasta la política nos da un respiro durante este periodo, aunque con el otoño calentito que se avecina, quizá sea sólo un pequeño paréntesis sin Arturo Mas, los podemitas, Rajoy y Pedro Sánchez el del banderón.

Queridos y fieles seguidores de los cuadernos napoleónicos, voy hablarles esta semana de mi tía Carlota Joaquina, gran aficionada a presentarse el uno de agosto en mi casa, y no volver a la suya hasta bien entrado setiembre o Septiembre, paradigma del familiar que de repente se hace simpático allá por mayo o Mayo, y se interesa por esa familia que dispone de una casa en la playa, en mi caso, en el rincón mediterráneo de mi querida Jávea. Primero justificábamos a mi tía contestándonos a nosotros mismos en casa, que estaba mayor, buscaba compañía y demás, todo con tal de evitar que éramos unos auténticos calzonazos y ella una gran defensora del caradurismo ilustrado.

Mis padres diseñaron la casa con las habitaciones oportunas para evitar la familia numerosa de mamá y sus correspondientes visitas, pero con la tía Carlota Joaquina es diferente. Residente en Madrid desde que acabó la Guerra Civil, ha pasado todos los veranos de su infancia y juventud en la Costa Blanca, primero en el mítico Hotel Venturo en el Montañar y luego en el palacete que compró en el Portichol “Villa Prusiana”, casoplón que mantiene cerrado para no gastar agua ni luz, piscinero y jardinero, y vaya usted a saber si la contribución, actual IBI. Entonces se instala cómodamente en nuestra casa, trae a su servicio, que debe colocar en un apartamento que alquila para ellas, y nos obliga de cuanto en cuanto a llevarle a ver su mansión para visitarla por fuera pasear por las selvas provocadas por la desidia, y entrar a abrir ventanas y cambiar las flores de la capilla, mustias, negras y secas del verano anterior, recuerdos del ayer. Así es mi tía Carlota Joaquina, así son las tías Carlotas Joaquinas que padecen muchos españoles que tienen la suerte de disponer de una casa en la costa, el familiar gorrón de siempre, que al final, reconozcámoslo, nos causa más ternura que tedio. Felices vacaciones amigos. Yo esta tarde para Jávea a pasar el mes de lo meses, y a “gozar” de la compañía de mi tía abuela, con su ABC bajo el brazo, su horchata vespertina, sus inquisitivas preguntas sobre mi vida privada y sus historias de ayer, de hoy y de siempre. Y que dure…

 

 

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