LA GUERRA EN EUROPA

19 diciembre, 2016

Queridos lectores de los cuadernos napoleónicos, tras estos últimos atentados islamistas en el corazón de la Europa económica, Berlín, y en la capital turca contra el embajador ruso, nos queda por desgracia muy patente que el terrorismo islamista golpea de manera distinta y significativa. Por un lado lo hace a quién humilla desde hace tiempo como enemigo por su modo de vida –Europa- de manera brutal y con impunidad, y de otra forma, de modo nominal y político, a quien lleva tiempo plantándole cara y combatiéndole en suelo sirio, a Rusia.

La debilidad de Europa queda en entredicho una vez más. La Unión Europea y Estados Unidos actuaron mal y tarde en la guerra civil de Siria, en el problema de los refugiados, en las exigencias a Turquía -país integrante de la OTAN que ha dejado circular a los islamistas con total libertad- y en otra serie de desatinos diplomáticos que por ahora, pasaremos por alto… Muchos expertos en política internacional y en concreto en Oriente Medio, no comparten la opinión de que actualmente estemos sumidos en una guerra tradicionalmente concebida. Otros sin embargo, son partidarios de llamar guerra a todo lo que acaece desde los atentados de Nueva York, hace ya 14 años. Desde Los Cuadernos de Napoleón apostaremos por una tercera opción, quizá atrevida pero cargada de simbolismo: la III Guerra Mundial suscribiéndonos a varios diplomáticos e historiadores que hablan de este conflicto, como la guerra entre parte del oriente radical y a la totalidad de occidente. Una lucha hegemónica de índole religiosa con muchas batallas librándose a la vez, pero con un fin común, el establecimiento final del Islamismo radical en todo el universo y el exterminio de la herejía y del infiel. Los mismos musulmanes llevan años sufriendo a Daesh. El Yihadismo es un problema que surgió después de la Gran Guerra de 1914-1918. Ahora nos han traído la guerra a las calles y plazas de nuestras ciudades, pero seguimos sin querer ver que hay que aniquilar a este enemigo, un enemigo que lleva mucho tiempo avisando de que no somos dignos de vivir según sus erróneos postulados.

Estamos en guerra y debemos apoyar la defensa de nuestra libertad, de Europa, de nuestra manera de vivir, de la democracia y en definitiva de lo que nos mueve cada mañana a levantarnos y a luchar en este mundo tan extraño. Quizá sea la guerra más importante y justa de nuestro tiempo, y por ello merezca el calificativo de III Guerra Mundial, como lo fue la II Guerra Mundial y su final, pues del resultado de la misma depende el futuro de nuestros hijos y nietos. Rusia y su pueblo así lo han entendido, pero ¿y nosotros? Nosotros deberemos ser conscientes en Europa, como lo han sido los electores de Estados Unidos del peligro del pecado de omisión, obligando a nuestros gobiernos a que nos protejan porque merecemos ser defendidos con contundencia, sin complejos, sin grietas y con la certeza absoluta de que si Europa vuelve a ser el referente del mundo, nadie podrá abatirnos jamás.

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